Como uno de esos milagros distantes, me conmovio una esperanza. Los momentos maravillosos se vuelven escasos, uno, a lo sumo dos, y un sin fin de nadas dando vueltas tras la boda de la vida casoriada con Don Juan. Los momentos eternos se vuelven redundantes cuando estalla incionciente el impulso de vida, el impulso por dejarse vivir al menos, y que la corrientes y los vientos, hicen las banderas de la libertad. Para los que la aguantan, a la libertad.
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