domingo, 26 de diciembre de 2010
Casi un siglo después se coloco la remera que había imaginado, se sentó frente al televisor, investigo en los ojos de la niña los recuerdos que tenia de si mismo. Se la jugo, enteramente, por el tiempo por venir y sin mas se lanzo en busca de los paraísos perdidos. Sabia que había una sola llegada y que tardaría lo necesaria en poder golpear esa puerta. Lo único que temía por entonces era no haber podido llegar con el camino mas o menos desandado. No haberse permitido tachar los rectángulos ya imaginados y no haber podido soñar lo suficiente como para sentarse en paz a esperar la corriente la venida de la muerte.
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